Y ahora,
Ya no quiero diamantes.
Ya no quiero monedas.
Quiero sentarme en mi sofá.
Que me abraces.
Que me abraces.
Que me abraces.
Y mirar hacia la calle.
Ver la luz de la luna.
Quiero estar en silencio absoluto,
que solo se escucha nuestra respiración
y el viento que entra por la ventana.
Quiero saber que voy a estar bien.
Que estoy a salvo.
Que ya no hay nada que temer.
Me ha costado meses tener el valor para decir estas palabras.
Y sé que en serio hice algo mal.
No permití que me conocieras.
Y te juzgué mal.
Y ahora me quedé jugando sola.
Estoy tan atrapada en una melancolía de la que no puedo escapar.
Corro y corro hacia la puerta, pero el camino parece no terminar.
Mi voz se quiebra.
Tengo la lengua seca.
Ya no hay aire para respirar.
Me estoy enfrentando a todo lo que un día dije que me asustaba.
Puedo escuchar una armónica al final del oscuro pasillo.
Parece que es la única que puede entender este remordimiento.
Y aunque a veces odio sentir tanto,
sé que es lo que me hace humana.
Y no sé si soy tan humana.
Pero ya estoy cansada.
Cada día es una tortura.
Todas las noches lloro antes de dormir, deseando no amanecer.
Creo que no tengo nada más que decir.
Perdón si fui muy honesta.
Pero ya no puedo callar todo esto.
Estoy a punto de explotar.
En serio, ya no puedo más.
Y el viaje largo continuó.
Comentarios
Publicar un comentario