Donde yo solía estar
Tu estás pasándola bien con ella mientras yo estoy tomándome mi medicamento buscando una razón para no matarme. No quisiera hablar mal de ella ni de los años que te lleva. Sin embargo, te voy a ser sincera: esta situación me desconcierta.
Hasta quisiera cambiar mi cabello para no tener nada en común con ella. Seguro vas diciéndoles a todos que eres muy afortunado y que me has superado, pero eso mejor hay que déjárselo al futuro, que por cierto se ve muy claro.
Yo ya me sé tu juego y siempre lo gano, pero me aburrí y además me estaba haciendo mucho daño. Dime: ¿puedes verme en ella cuando la estás besando? ¿La llevas a los lugares donde nos escondíamos? ¿Le compras las mismas flores? ¿Le dices las mismas frases que sacabas de Internet que me repetías tantas veces?
No has cambiado nada y no piensas hacerlo. Por eso no cambias el juego, solo a la jugadora. Cuando vi esa fotografía, me quedé sorprendida y supe que todo se había terminado. Sentí algo muy raro. Pero nada se compara a lo que sentí cuando estaba contigo.
Desde que te fuiste, no me he convulsionado, eso ya es algo. Preferiste un fuego que arde bajo pero arde, un refugio que no calienta pero al menos puedes estar dentro de él. Yo también era de la idea de tener un socio en este viaje, aunque no fuera el socio ideal. Pero la vida me hizo cambiar, pues me di cuenta de que no cualquiera es de fiar.
En retrospectiva, puedo ver todas las cosas que te permitía y la verdad me siento muy arrepentida, pero es momento de retomar mi vida. Por eso estoy trabajando en mí misma, y ahora disfruto más de los atardeceres, me recuesto a mirar las estrellas y he aprendido que no necesito estar acompañada para estar completa.

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