La cabaña
Apaga la luz, no quiero que nadie me vaya a encontrar.
Caminando por hojas secas, niebla y aves que cantan al despertar,
he salido a respirar, ver si aún puedo conectar.
Una corriente de viento helado me hace despertar.
Piedras que no me dejan avanzar.
El agua del río al que me acerco comienza a salpicar.
El cielo se comienza a nublar.
Hay mil pensamientos que no puedo sedar.
Aún recuerdo cuando estos paseos solían ser algo familiar.
El sol ya se quiere ocultar.
Mi bata blanca tiene sangre fresca
y no hay nadie que me pueda ayudar.
La lluvia por fin se puede soltar;
ella llega cuando mi alma está cansada.
Dicen que yo no tengo nada por lo que sufrir en realidad.
Me recuesto en el piso,
no hay nada más que cuidar.
Y tal vez no volveré a la cabaña,
Tal vez no volveré a sentir el calor de un hogar.
Una vela es todo lo que suelo tener en las tormentas,
y por las mañanas me agobia tener que volver a empezar.
Creo que lo más valiente que he hecho
es mostrarme como soy en realidad.

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